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Caro Quintero en Caborca

Posteado por on Aug 12th, 2013 y Archivado en CABORCA, FOTO GALERIA, GENERAL. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada por medio de RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o trackback a esta entrada

Caro Quintero en Caborca

Por Diego Enrique Osorno

http://www.gatopardo.com

La última vez que viajé a Caborca una persona me preguntó si me interesaba reunirme con la familia Caro Quintero. Me lo dijo sin la suspicacia habitual con la que mucha gente menciona estos apellidos.

Los Caro Quintero son una familia que con el paso del tiempo ha dejado atrás el estigma del narco y se ha asentado en ese lejano pero bello pueblo desértico cercano a la frontera de Sonora con Arizona.

El hombre que hizo la invitación me dijo que algunos miembros de la familia habían leído mi libro El Cártel de Sinaloa y estaban sorprendidos de que Miguel Ángel Félix Gallardo me hubiera compartido sus memorias. Sin embargo, lo que más les llamaba la atención era que Félix Gallardo explicara de forma tan precisa el papel de los narcotraficantes de antes en comparación con los de hoy en día.

En las cartas que me envió desde el Penal de Máxima Seguridad de Almoloya, Félix Gallardo, antiguo socio de Rafael Caro Quintero, explica, a resumidas cuentas, que antes había narcotraficantes y lo que hay ahora son criminales. El viejo capo quería desligar a él y a sus colaboradores de aquellos años de las nuevas y sanguinarias generaciones de narcos. También relataba muy a su manera cómo el narco mexicano de los ochenta trabajaba de manera coordinada con el régimen del PRI de entonces. El Cártel de Sinaloa era prácticamente una empresa paraestatal más; o bien, capos como Félix Gallardo o Caro Quintero, eran una especie de subsecretarios del tema que trabajaban con el gobierno, jamás en su contra.

Por cuestiones de última hora, no pude reunirme con la familia Caro Quintero, pero mantuve comunicación con algunos de ellos a través de mensajes electrónicos. Unos meses después, en la primavera del 2012, el cronista Alejandro Almazán fue el primero en contarme que en Sinaloa  se decía que estaban por liberar a Rafael Caro Quintero. Le contesté con incredulidad. Me parecía un borrego más –como llamamos los reporteros a los rumores. Luego la plática derivó en el imponente Mausoleo que mandó hacerse en la sierra de Badiraguato, Sinaloa, Ernesto “Don Neto” Fonseca, el otro socio de Caro Quintero y Félix Gallardo, quien también permanece en prisión.

Ahora que se ha confirmado la sorprendente noticia de la liberación del viejo capo, me puse a revisar la correspondencia con la familia Caro Quintero. En uno de los mensajes que mandaron venía una entrevista que le hizo a Caro Quintero en la cárcel el periodista Ignacio Ramírez. La larga conversación apareció en la edición número 0599 de la revista Proceso. En ella, Caro Quintero narra que cuando fue detenido radicaba en Caborca, Sonora y que estaba ahí el día en que supuestamente fue asesinado el agente de la DEA, Enrique Camarena.

–Pero veamos algunos puntos por los cuales está usted aquí. Niega lo relacionado con el narcotráfico, pero hay denuncias. Incluso, en el caso de la muerte del agente de la DEA y del piloto mexicano. Ernesto Fonseca lo involucró a usted.
–Mire, en primer lugar, a esos señores Camarena Salazar y Zavala Avelar los conocí únicamente por la televisión y los periódicos. Jamás los había yo visto. Al pobre de (Ernesto) Fonseca le arrancaron no sólo la declaración sino los dientes y las uñas con pinzas, bueno, hasta le quemaron el bigote. Somos chivos expiatorios, porque ni yo mismo sé por qué estoy aquí.
–El día del asesinato de Camarena y Zavala, 7 de febrero de 1985, ¿dónde estaba usted?
–En Caborca.
–¿Qué hacía ahí?
–Tenía dos ranchos rentados para engorda de ganado, otro era de uno de mis hermanos, chiquito, de unas 60 o 70 hectáreas. A fines de noviembre fui a Guadalajara y pasé la Navidad y el Año Nuevo en Sonora con mi familia. Después estuve en Culiacán y me regresé a Caborca, fue todo.
–¿Y luego?
–Me fui a Costa Rica.
–Se habló mucho del supuesto secuestro de Sara Cosío.
–La muchacha se fue a Culiacán y fui por ella. No era la primera vez ¿eh? Yo no la secuestré, cómo la iba a dejar sola en la calle ¿verdad? Ella iba a las tiendas a comprarme ropa, que esto, que lo otro. Tenía viviendo conmigo tres años. Su papá y su tío, el político ese (Guillermo Cosío Vidaurri, exalcalde de Guadalajara, exdirigente del PRI capitalino y actual secretario general del DDF), quisieron taparlo todo ¿me entiendes? En primer lugar, el papá de Sara trae un carro Cougar que yo le regalé. Y el tío trae otro Cougar que le había dado a su sobrina, si ella se lo regaló o no, mis respetos. Con decirle que el papá y la mamá andaban conmigo dondequiera, nos vieron en todos lados. Nada más que se hicieron las víctimas cuando yo caí, pero los entiendo, estaban tensos. Entonces ¿cuál es mi problema?
–Sin embargo, tanto en Costa Rica como en México hay propiedades suyas incautadas.
–Ya le dije, es un rancho de mi hermano y dos que tenía rentados. Las casas de Costa Rica eran de mis compañeros, que están aquí conmigo, de Rodolfo y Albino. Ellos me invitaron allá porque estaba yo recién casado. Y como ya me estaban molestando, bueno, dije, pues mientras se aclaran las cosas, de lo contrario me van a matar. De las joyas, unas eran mías, otras de la muchacha y de mis compañeros. Pero no es tanto, cosas que tenía desde chico.
–Dice que cuando fue a Costa Rica iba recién casado. ¿Contrajo matrimonio con Sara?
–No, para allá íbamos, pero no llegamos.

Tras la publicación de la entrevista, el gobierno intentó hacer que Rafael Caro Quintero la desmintiera, presionándolo de diversas formas. Incluso, el director del Reclusorio Oriente fue despedido por permitir el acceso al reportero de Proceso. Durante la conversación, el periodista Ignacio Ramírez le dijo a Caro Quintero que en Caborca era una leyenda, comparable a la de “Chucho El Roto”.

Al respecto, el narcotraficante aclaró algo sobre su famosa frase sobre la deuda externa: “Ya sé y no me pregunte nada de los casetes o videocasetes, de las obras de teatro o parodias que se han hecho de mí. Están haciendo lo que yo nunca en mi vida quise ser.

Y no tengo por qué serlo. Me acabaron moralmente, es una injusticia. He metido demandas y de nada han valido. Lo que les interesa es otra cosa. Yo no soy como dicen que soy ni dije nada de lo que dicen que yo dije, como aquello de que si me dejaban sembrar mariguana con las ganancias pagaba la deuda externa. Pero, como están las cosas, ya estoy perdiendo la fe en el gobierno”.

Caro Quintero cuenta que nació el 24 de octubre de 1954 en el rancho “La Noria” en Sinaloa. Fue uno de los doce hijos que tuvieron Emilio Caro Payán y Hermelinda Quintero. Estudió hasta primer año de primaria y luego se dedicó a la agricultura en Sinaloa, hasta que a los 25 años de edad se fue a vivir a Caborca. Caborca, un lugar que en estas fechas alcanza temperaturas de hasta 48 grados, es el lugar al que posiblemente viajó el viejo capo para pasar sus últimos años de vida.

Casi al final de la entrevista con Proceso, Caro Quintero hace un anuncio que en aquel entonces parecía descabellado pero que ahora resulta una auténtica premonición:

–¿Tiene la conciencia tranquila?
–No tengo remordimientos, soy inocente. Si debo algo, que me lo comprueben y que me sentencien, ya voy para cuatro años y nada. Igual mis hermanos, si son narcotraficantes que se los comprueben. Pero que no nos maten porque, primeramente Dios, voy a salir de aquí.
–¿De verdad tiene confianza en obtener su libertad?
–No pido favores, sólo espero que todo se resuelva conforme a derecho.
–¿Y del intento de fuga? De eso se ha hablado mucho también.
–Qué bueno que me recordó eso. ¿Cuál túnel? Porque, señor, si yo me hubiera querido ir, ya lo hubiera hecho desde cuando. Yo de aquí no me voy hasta que no se aclare todo. Quiero salir por la puerta grande.
–¿Por la puerta grande?

–Así como lo oye.

Imágenes originales de la revista Alarde. Archivo del libro de Diego Enrique Osorno El Cártel de Sinaloa. El uso político del narco (Grijalbo, 2009)

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